viernes, 27 de junio de 2008

Criticas

Si alguien tiene cien virtudes y un defecto, muchas personas resaltarían el defecto, ignorando todo lo que es positivo. Generalmente, quien hace eso está permanentemente justificando la existencia de sus propias debilidades, que lo incomodan.
Al criticar a los demás, aunque sea en broma, estamos siendo portadores de la tristeza, que el otro acepta rápidamente. Es como hacer que alguien tropiece, lastimándolo. Mientras el dolor continúe, él no olvidará su causa. Criticar a los otros es difamarse a sí mismo.
Al hacer una comparación de cualidades podemos provocar los celos, que traen angustia al yo y perturbación a los otros.
La ira que nace de la propia derrota quema al ser por dentro y no permite la sensatez necesaria para juzgar adecuadamente lo que está sucediendo. Si por ira yo fuerzo una situación -en la forma de terquedad, impaciencia, petulancia u obstinación- mirando hacia atrás para ver quién me está acompañando, no encuentro a nadie.
El aprecio verdadero elimina la crítica, el contentamiento derrota a los celos y la paz del auto respeto le quita fuerza a la ira.

miércoles, 25 de junio de 2008

Los 3 consejos

Una pareja de recién casados, era muy pobre y vivía de los favores de un pueblito del interior. Un día, el marido le hizo la siguiente propuesta a su esposa: Querida yo voy a salir de la casa. Voy a viajar bien lejos, buscar un empleo y trabajar hasta tener condiciones para regresar y darte una vida más cómoda y digna. No sé cuanto tiempo voy a estar lejos; sólo te pido una cosa: que me esperes y mientras yo este lejos, seas fiel a mí, pues yo te seré fiel a ti."
Así, siendo joven aún, caminó muchos días a pie, hasta encontrar un hacendado que estaba necesitando de alguien para ayudarlo en su hacienda. El joven llegó y se ofreció para trabajar y fue aceptado. Pidió hacer un trato con su jefe, el cual fue aceptado también.
El pacto fue el siguiente: Déjeme trabajar por el tiempo que yo quiera y cuando yo encuentre que debo irme, el señor me libera de mis obligaciones. Yo no quiero recibir mi salario. Le pido al señor que lo coloque en una cuenta de ahorros hasta el día en que me vaya. El día que yo salga, usted. me dará el dinero que yo haya ganado."
Estando ambos de acuerdo, aquel joven trabajó durante 20 años, sin vacaciones y sin descanso.
Después de veinte años, se acercó a su patrón y dijo: Patrón, yo quiero mi dinero, pues quiero regresar a mi casa." El patrón le respondió: "Muy bien, hicimos un pacto y voy a cumplirlo. Sólo que antes quiero hacerte una propuesta, ¿está bien?. Yo te doy tu dinero y tú te vas, o te doy tres consejos y no te doy el dinero y te vas. Si yo te doy el dinero, no te doy los consejos y viceversa. Vete a tu cuarto, piénsalo y después me das la respuesta." Él pensó durante dos días, buscó al patrón y le dijo: "QUIERO LOS TRES CONSEJOS" El patrón le recordó: Si te doy los consejos, no te doy el dinero." Y el empleado respondió: "Quiero los consejos" El patrón entonces le aconsejó:
* NUNCA TOMES ATAJOS EN TU VIDA. Caminos más cortos y desconocidos te pueden costar la vida.
* NUNCA SEAS CURIOSO DE AQUELLO QUE REPRESENTE EL MAL, pues la curiosidad por el mal puede ser fatal
* NUNCA TOMES DECISIONES EN MOMENTOS DE ODIO Y DOLOR, pues puedes arrepentirte demasiado tarde.
Después de darle los consejos, el patrón le dijo al joven, que ya no lo era tanto: AQUÍ TIENES TRES PANES: dos para comer durante el viaje y el tercero es para comer con tu esposa, cuando llegues a tu casa". El hombre, entonces, siguió su camino de vuelta, de veinte años lejos de su casa y de su esposa que él tanto amaba.
Después del primer día de viaje, encontró una persona que lo saludó y le preguntó: "¿Para donde vas?" Él le respondió, "Voy para un camino muy distante que queda a más de veinte días de caminata por esta carretera." La persona le dijo entonces: "Joven, este camino es muy largo. Yo conozco un atajo con el cuál llegarás en pocos días". El joven, contento, comenzó a caminar por el atajo, cuando se acordó del primer consejo. Entonces, volvió a seguir por el camino normal. Días después, supo que el atajo llevaba a una emboscada.Después de algunos días de viaje, y cansado al extremo, encontró una pensión a la vera de la carretera, donde poder hospedarse. Pagó la tarifa por día y, después de tomar un baño, se acostó a dormir. De madrugada se levantó asustado con un grito aterrador. Se levantó de un salto y se dirigió hasta la puerta para ir a donde escuchó el grito. Cuando estaba abriendo la puerta, se acordó del segundo consejo. Regresó y se acostó a dormir. Al amanecer, después de tomar café, el dueño de la posada le preguntó sino había escuchado el grito y él le contestó que sí lo había escuchado.
El dueño de la posada le preguntó "Y no le dió curiosidad"? él le contesto que no. A lo que el dueño le respondió: "Ud. es el primer huésped que sale vivo de aquí, pues mi único hijo tiene crisis de locura; grita durante la noche y cuando el huésped sale, lo mata y lo entierra en el quintal".
El joven siguió su larga jornada, ansioso por llegar a su casa.
Después de muchos días y noches de caminata, ya al atardecer, vio entre los árboles humo saliendo de la chimenea de su pequeña casa. Caminó y vio entre arbustos la silueta de su esposa. Estaba anocheciendo, pero alcanzó a ver que ella no estaba sola. Anduvo un poco más y vio que ella tenía sobre su regazo, un hombre al que estaba acariciando los cabellos. Cuando vio aquella escena, su corazón se llenó de odio y amargura y decidió correr al encuentro de los dos y matarlos sin piedad. Respiró profundo, apresuró sus pasos, cuando recordó el tercer consejo. Entonces se paró y reflexionó y decidió dormir ahí mismo aquella noche y al día siguiente tomar una decisión.
Al amanecer, ya con la cabeza fría, él dijo: NO VOY A MATAR A MI ESPOSA. Voy a volver con mi patrón y a pedirle que me acepte de vuelta, sólo que antes, quiero decirle a mi esposa que siempre le fui fiel."
Se dirigió a la puerta de la casa y tocó. Cuando la esposa le abrió la puerta y lo reconoció, se colgó de su cuello y lo abrazó afectuosamente. Él trató de quitársela de encima, pero no lo consiguió. Entonces, con lágrimas en los ojos le dijo: Yo te fui fiel y tu me traicionaste...
Ella espantada le respondió, "¿Cómo? Yo nunca te traicioné. Te esperé durante veinte años". Él entonces le preguntó, "¿Y quién era ese hombre que acariciabas ayer por la tarde? Y ella le contestó, "AQUEL HOMBRE ES NUESTRO HIJO. Cuando te fuiste, descubrí que estaba embarazada. Hoy él tiene veinte años de edad". Entonces, el marido entró, conoció, abrazó a su hijo y les contó toda su historia, mientras su esposa preparaba la cena.
Se sentaron a comer el último pan juntos. después de la oración de agradecimiento, con lágrimas de emoción, él partió el pan y al abrirlo, se encontró todo su dinero: el pago de sus veinte años de dedicación.
Muchas veces creemos que los atajos "queman etapas" y nos ayudan a llegar más rápido, lo que no siempre es verdad... Muchas veces somos curiosos; queremos saber de cosas que ni nos dan respeto ni nos traen nada de bueno Otras veces reaccionamos movidos por el impulso, en momentos de rabia, y después tardíamente nos arrepentimos...
Espero que no nos olvidemos de estos consejos, no te olvides también de CONFIAR (aunque tengas muchos motivos para desconfiar).

martes, 24 de junio de 2008

El mismo traje

Cierta vez un hombre visitó a su Rabí, y le relató su problema:- Rabí, soy un sastre. Con los años gané una excelente reputación por mi experiencia y alta calidad de mi trabajo. Todos los nobles de los alrededores me encargan sus trajes y los vestidos de sus esposas. Hace unos meses, recibí el encargo más importante de mi vida: El príncipe en persona escuchó de mí y me solicitó que le cosiera un ropaje con la seda más fina que es posible conseguir en el país. Puse los mejores materiales e hice mi mejor esfuerzo. Quería demostrar mi arte, y que este trabajo me abriera las puertas a una vida de éxito y opulencia. Pero cuando le presenté la prenda terminada, el príncipe comenzó a gritarme e insultarme.- ¿Ésto es lo mejor que puedes hacer? Es una atrocidad. ¿Quién te enseñó a coser?- Me ordenó que me retirara y arrojó el traje tras de mí. Rabí, estoy arruinado. Todo mi capital estaba invertido en esa vestimenta, y peor aún, mi reputación ha sido totalmente destruida. Nadie volverá a encargarme una prenda luego de esto. No entiendo qué sucedió, ha sido el mejor traje que he hecho en años.El Rabí le contestó:- Vuelve a tu negocio, descose cada una de las puntadas de la prenda y cóselas exactamente como lo habías hecho antes. Luego, llévala al príncipe de nuevo.- Pero obtendré el mismo traje que tengo ahora -protestó el sastre-, además, mi estado de ánimo no es el mismo.- Haz lo que te indico, y Dios te ayudará, dijo el Rabí.Dos semanas después, el sastre retornó a donde el Rabí:- Rabí, usted ha salvado mi vida. Cuando le presenté nuevamente el traje al príncipe, su rostro se iluminó y exclamó: "¡Este es el traje más hermoso y delicado que haya visto en toda mi vida!" Me pagó generosamente y prometió entregarme más trabajo y recomendarme a sus amigos. Pero Rabí, deseo saber ¿cuál era la diferencia entre el primer traje y el segundo?El Rabí le explicó:- El primer traje, fue cosido con arrogancia y orgullo. El resultado fue una vestimenta espiritualmente repulsiva que, aunque técnicamente perfecta, carecía de gracia y belleza. Sin embargo, la segunda costura fue hecha con humildad y con el corazón quebrado, transmitiendo una belleza esencial que provocaba admiración en quien la veía.

lunes, 23 de junio de 2008

Lo que un hombre sembró

Cuando estaba en el secundario, el bravucón de tercer año me dio un puñetazo en el estómago. No sólo me dolió sino que me enfureció, aunque debo admitir que más intolerables me resultaron el mal rato y la humillación.
¡Quería vengarme a toda costa! Planeé encontrarlo al día siguiente en el estacionamiento de bicicletas y darle una paliza. Por alguna razón, le conté mi plan a Nana, mi abuela. Gran error. Me dio uno de esos sermones de cuatro horas. El sermón fue un plomo, pero, entre otras cosas, recuerdo vagamente que me dijo que no necesitaba preocuparme por él.
Dijo:
"Las buenas acciones tienen consecuencias buenas y las malas, consecuencias malas". Le dije que yo hacía cosas buenas todo el tiempo y que lo único que obtenía a cambio era "basura". No obstante, siguió en sus trece:
Dijo :
Cada buena acción que hagas volverá a ti algún día y cada cosa mala que hagas también volverá ", insistió.
Tardé treinta años en comprender la sabiduría de sus palabras. Nana vivía en una pensión en California. Todos los jueves pasaba por allí y salíamos a comer. Siempre la encontraba muy bien vestida y sentada en una silla junto a la puerta de calle. Recuerdo con toda nitidez nuestra última cena juntos antes de que la internaran en un hospital.
Fuimos a un restraurante muy simple atendido por una familia. Yo pedí un bife para Nana y una hamburguesa para mí. Llegó la comida y yo empecé en seguida a comer. Noté que Nana no comía. Simplemente, miraba la comida en el plato. Corrí mi plato a un costado, tomé el plato de Nana, lo acerqué y corté su carne en pedacitos. Luego volví a poner el plato delante de ella.
Mientras con gran dificultad pinchaba la carne y se la llevaba a la boca, sentí el impacto de un recuerdo que enseguida hizo brotar lágrimas en mis ojos.
Cuarenta años antes, de chiquito, sentado a la mesa, Nana siempre tomaba la carne de mi plato y la cortaba en pedacitos para que pudiera comerla.
Habían pasado cuarenta años, pero la buena acción se veía recompensada.
Nana tenía razón.
Cosechamos exactamente lo que sembramos. "Cada buena acción que hagas algún día volverá a tí."
¿Qué pasó con el bravucón de tercer año?
Se topó con el bravucón de cuarto.

viernes, 20 de junio de 2008

Las canicas rojas

Durante los duros años de la Revolución, en un pueblo pequeño de Aguascalientes, México, solía ir al almacén del Sr. Muro para comprar productos frescos. La comida y el dinero faltaban y el trueque se usaba mucho.
Un día en particular, el Sr. Muro me estaba empaquetando unas papas. Cuando de repente me fijé en un niño pequeño, delicado de cuerpo y aspecto, con ropa rota pero limpia que miraba atentamente una caja de peras frescas.
Pagué mis papas pero también me sentí atraído por el aspecto de esas peras. ¡Me encanta el dulce de pera y las papas frescas! Admirando las peras, no pude evitar escuchar la conversación entre el Sr. Muro y el niño.
“Hola Toño, ¿Cómo estás hoy?” “Hola Sr. Muro. Estoy bien, gracias... solo admiraba las peras... se ven muy bien”. “Sí, son muy buenas. ¿Cómo está tu mamá?” “Bien. Cada vez más fuerte”. “Bien. ¿Hay algo en que te pueda ayudar?” “No Señor. Sólo admiraba las peras”. “¿Te gustaría llevar algunas a casa?” “No Señor. No tengo con que pagarlas”.
“Bueno, qué tienes para cambiar por ellas?” “Lo único que tengo es esto, mi canica más valiosa”. “¿De veras? ¿Me la dejas ver?” “Acá está. ¡Es una joya!” “Ya lo veo. El único problema es que ésta es azul y a mí me gustan las rojas”. “¿Tienes alguna como esta, pero roja, en casa?” “No exactamente, pero casi”. “Hagamos una cosa. Llévate esta bolsa de peras a casa y la próxima vez que vengas muéstrame la canica roja que tienes”. “¡Claro! Gracias Sr. Muro”.
La Sra. de Muro se me acercó a atenderme y con una sonrisa me dijo, “Hay dos niños más como él en nuestra comunidad, todos en situación muy pobre.
A Salvador le encanta hacer trueque con ellos por peras, manzanas, tomates, o lo que sea. Cuando vuelven con las canicas rojas, y siempre lo hacen, él decide que en realidad no le gusta tanto el rojo, y los manda a casa con otra bolsa de mercadería y la promesa de traer una canica color naranja o verde tal vez”.
Me fui del negocio sonriendo e impresionado con este hombre. Un tiempo después me mudé a Guadalajara pero nunca me olvidé de este hombre, los niños y los trueques entre ellos.
Varios años pasaron, cada uno más rápidamente que el anterior. Recientemente tuve la oportunidad de visitar unos amigos en esa comunidad en Aguascalientes. Mientras estuve allí, me enteré que el Sr. Muro había muerto.
Esa noche sería su velorio y sabiendo que mis amigos querían ir, acepté acompañarlos. Al llegar a la funeraria, nos pusimos en fila para conocer a los parientes del difunto y para ofrecer nuestro pésame.
Delante nuestro, en la fila, había tres hombres jóvenes. Uno tenía puesto un uniforme militar y los otros dos unos lindos trajes oscuros con camisas blancas.
Parecían profesionales. Se acercaron a la Sra. Carmelita, quien se encontraba al lado de su difunto esposo, tranquila y sonriendo. Cada uno de los hombres la abrazó, la besó, conversó brevemente con ella y luego se acercaron al ataúd.
Los ojos cafes llenos de lágrimas de la Sra. Carmelita, los siguió uno por uno, mientras cada uno tocaba con su mano cálida, la mano fría dentro del ataúd. Cada uno se retiró de la funeraria limpiándose los ojos. Llegó nuestro turno y al acercarme a la Sra. De Muro le dije quién era y le recordé lo que me había contado años atrás sobre las canicas.
Con los ojos brillando, me tomó de la mano y me condujo al ataúd. “Esos tres jóvenes que se acaban de ir son los tres chicos de los cuales te hablé. Me acaban de decir cuanto agradecían los “trueques” de Salvador.
Ahora que Chava no podía cambiar de parecer sobre el tamaño o color de las canicas, vinieron a pagar su deuda. Nunca hemos tenido riqueza” , me confió, “pero ahora Salvador se consideraría el hombre más rico del mundo”.
Con una ternura amorosa levantó los dedos sin vida de su esposo. Debajo de ellos había tres canicas rojas exquisitamente brillantes.
- No seremos recordados por nuestras palabras, sino por nuestras acciones.

jueves, 19 de junio de 2008

¡No Puedo!

“No puedo” es la peor frase que se ha escrito o hablado, haciendo más daño que la calumnia o las mentiras. Sobre ella muchos espíritus fuertes se han quebrantado y con ella muchos buenos propósitos mueren.Brota, cada mañana, de los labios de quienes no piensan y nos roban del valor que necesitamos durante el día.Suena en nuestros oídos como una advertencia enviada a tiempo y se ríe cuando tropezamos y caemos por el camino.“No puedo” es la madre de la iniciativa débil; es quien prohija al terror y al trabajo a medio hacer.Debilita los esfuerzos de inteligentes artesanos y hace del que labora un indolente conformista.Envenena el alma del hombre con visión, aplasta en su infancia muchos planes.Saluda al trabajo honesto con abierto desprecio y se burla de las esperanzas y lo sueños del hombre.“No puedo” es una frase que nadie debiera pronunciar sin ruborizarse; el pronunciarla debiera ser motivo de vergüenza.Diariamente aplasta la ambición y el valor; devasta el propósito del hombre y acorta sus metas. Despréciala con todo tu odio por el error que inculca; rehúsale el alojamiento que busca en tu mente.Ármate contra ella como contra una criatura de terror y todo lo que soñamos algún día lo obtendremos.“No puedo” es la frase que, para la ambición, es un enemigo emboscado que busca destruir nuestra voluntad. Su presa es, para siempre, el hombre con una misión y se inclina tan solo ante el valor, la paciencia y la habilidad.Ódiala, con odio profundo y permanente, porque una vez bienvenida, quebrantará a todo hombre, sin importar la meta que esté buscando. Más bien, sigue intentándolo y respóndele a ese demonio diciéndole: “Sí puedo”.

miércoles, 18 de junio de 2008

El Guerrero

Puedo decir del amor que tuveque no es inmoral puesto que es llamapero que es infinito en tanto dure..." Vinicius de Moraes
El cuerpo gigantesco del guerrero sumerio estaba arado de cicatrices y su piel curtida por el sol y la nieve.
Su nombre era Jormá, y cuenta esta historia que cierta vez, mientras caminaba con tres amigos de una ciudad a otra, sufrieron una emboscada a manos de sus más crueles enemigos.
Los cuatro guerreros combatieron con fiereza pero sólo Jormá consiguió sobrevivir; sus tres amigos cayeron muertos durante la lucha.
Ensangrentado y exhausto, Jormá se dio cuenta que necesitaba descansar, reponer fuerzas y sanar sus heridas.
Miró a su alrededor en busca de un lugar seguro y divisó una pequeña caverna excavada en la montaña.
Casi arrastrándose llegó hasta allí y una vez dentro de la cueva, extendió sobre el piso su piel de oso y se quedó profundamente dormido.Horas o días después, lo despertó el hambre.
Sintió que su estómago reclamaba algo caliente. Todavía dolorido, Jormá decidió salir a buscar algunas ramas y troncos secos para prender un pequeño fuego en su guarida transitoria y comer así un poco de carne salada que llevaba consigo.
Cuando la luz de las llamas iluminó el interior del refugio, el guerrero no podía creer lo que veía: el reducto que había encontrado no era simplemente una cueva, era un templo, un templo excavado en la roca.Por las inscripciones y los símbolos, el sumerio descubrió que el templo había sido construído en honor a un solo dios ... el dios Gotzú.
Jormá había aprendido a desconfiar de las casualidades, y quizás por eso no dudó en pensar que sus pasos habían sido guiados hasta la cueva por el mismísimo dios del templo, para poder así guardar sus sueño.
Jormá concluyó que esto era una señal: desde entonces, encomendaría su espada al dios Gotzú.
Se quedaría allí hasta que sus heridas curasen.Mientras tanto, prendería un gran fuego debajo del altar que presidía la inmensa imagen de piedra del dios y cazaría algún animal al que sacrificar en su honor.
Cinco días y cinco noches más estuvo el guerrero en la cueva de la montaña, reponiéndose y honrando a Gotzú.Durante ese tiempo nunca dejó que se apagara la llama que iluminaba el altar.
Al sexto día, Jormá se dio cuenta que era hora de seguir su camino, y quiso dejar, antes de partir, una ofrenda a Gotzú en señal de gratitud.
-Una llama eterna -pensó. ¿Cómo conseguirla?Jormá salió de la cueva y se sentó en una roca al borde del sendero a meditar sobre el problema.
Sabía que un poco de aceite ayudaría a mantener la llama, pero no era suficiente.
Pensó por un momento que quizás debía buscar mucha leña, tanta como para que nunca se consumiera; tanta que durara eternamente... pero rápidamente se dio cuenta de lo vano del esfuerzo... mucha madera aumentaría la intensidad del fuego pero no la duración de la llama...
Un monje de túnica blanca, que caminaba por el sendero se detuvo frente a Jormá.
Tal vez de puro curioso o quizá por la sorpresa de ver un guerrero en tan reflexiva actitud, el caso es que el monje se sentó frente al sumerio y se quedó inmóvil mirándolo como si pasara a ser parte del paisaje.
Horas después, cuando el sol ya caía, Jormá todavía seguía pensando...Lo ocupaba tanto su problema, que no se sorprendió demasiado cuando el monje le habló:
¿Qué te pasa guerrero? Pareces preocupado... ¿Puedo ayudarte?
-No lo creo -dijo el guerrero-. Esta cueva, mi señor, es el templo del dios Gotzú, a quien hace cinco lunas he consagrado como mi protector, el destinatario de mis oraciones, el objeto último de mi lucha. Pronto deberé partir y quisiera honrarlo eternamente, pero no sé cómo conseguir que la llama que he encendido dure para siempre.
El monje meneó la cabeza y como si hubiera adivinado el camino que había recorrido el pensamiento del guerrero. Le dijo:
-Para que la llama sea eterna, necesitarás algo más que madera y aceite...
-¿Qué cosa?, -se apuró a preguntar Jormá-. ¿Qué más necesito?
-Magia -dijo el monje secamente-.
-Pero yo no soy mago, ni sé de magia...
-Sólo la magia puede conseguir que algo sea eterno.
-Yo quiero que la llama sea eterna -dijo el guerrero-... y prosiguió... Si consigo la magia, ¿me puedes asegurar que la llama para Goztú sea eterna?
-¿Asegurar? Hace una semana ni siquiera sabías la existencia de ese templo... y hoy quieres para él un homenaje eterno. Esto es lo que hoy deseas...
¿Es que acaso tú puedes asegurar que tu deseo será eterno?
Jormá hizo silencio. El guerrero se dio cuenta que nadie podía afirmar la eternidad de un deseo...
El monje volvió a menear la cabeza y se puso de pie… se acercó a Jormá, y apoyándole la mano abierta en el pecho, le dijo:
-Te diré un secreto:
¡¡¡¡¡ LA MAGIA SÓLO DURA MIENTRAS PERSISTE EL DESEO !!!!!

martes, 17 de junio de 2008

La ley del camion de la basura

Qué tan a menudo permites que las cosas absurdas de otras personas te cambien el humor?
¿Permites que los pésimos conductores, los meseros irrespetuosos, el brusco de tu jefe o algún empleado insensible te arruinen el día?
Cada vez que tienes una mala experiencia con este tipo de personas, por lo menos te dejan siempre medio tambaleando. Mas sin embargo, una de las características de las personas con éxito es el hecho de que en lugar de quedarse clavados en esa mala experiencia, es que tan rápido se pueden volver a enfocar en lo que realmente es importante.
Hace dieciséis años yo aprendí esa lección. La aprendí en el asiento trasero de un taxi neoyorquino.
Ésto fue lo que sucedió: Me subí a un taxi rumbo a la Estación Central del Ferrocarril y cuando íbamos por el carril de la derecha, por poco nos estrellamos con un carro que así de repente y de la nada salió como bólido de donde estaba estacionado. El conductor del taxi en que iba alcanzo a frenar, el taxi derrapó y por un pelo de rana casi le pegamos al auto que quedo frente a nosotros.
Después de esto, el conductor del otro auto, el tipo que casi causo el accidente, asomando la cabeza por la ventanilla comenzó a gritarnos una cantidad horrible de insultos y majaderías. Todavía recuperándome del susto lo que acabo de sacarme de mis casillas fue la actitud del chofer de mi taxi, quien en forma extremadamente amistosa y cortés le sonreía y saludaba con la mano al conductor del otro auto. Yo estaba furioso y confundido, pero no me quedé con las ganas y le pregunté al chofer de mi taxi por que se ponía a sonreír y saludar al tipo que casi nos hizo chocar, arruinar su taxi y posiblemente hasta enviarnos al hospital. Entonces, el taxista con voz pausada me contó lo que ahora yo llamo "La ley del camión de basura".
Mire, me dijo: ¿Ve aquel camión de basura? Si, le dije ¿y éso que tiene que ver? Pues, así como esos camiones de basura, existen muchas personas que van por la vida llenos de basura, frustración, rabia, y decepción. Tan pronto como la basura se les va acumulando, necesitan encontrar un lugar donde vaciarla, y si usted los deja seguramente le vaciarían su basura, sus frustraciones, sus rabias y sus decepciones.
Por eso cuando alguien quiere vaciar su basura en mí, no me lo tomo a personal; sino tan solo sonrió, saludo, les deseo todo el bien del mundo y sigo mi camino. Hágalo usted también y le agradará el haberlo hecho, se lo garantizo.
A partir de ese día comencé a pensar que tan a menudo permito que estos 'camiones de basura' me atropellen; y me pregunté a mí mismo que tan a menudo recojo esa basura y la esparzo a otra gente en casa, en el trabajo o en la calle. Así que me prometí que ya jamás lo iba a permitir. Comencé a ver camiones de basura y así como el niño de la película "El Sexto Sentido" decía que veía a los muertos, bueno ahora así yo veo a los camiones de basura. Veo la carga que traen, los veo que me quieren echar encima su basura, sus frustraciones, sus rabias y sus decepciones y tal y como el taxista me lo recomendó, no me lo tomo a personal, tan solo sonrío, saludo, les deseo lo mejor y sigo adelante.
Uno de mis jugadores favoritos de fútbol Americano era Walter Payton, me encanta como jugaba, pues siempre se levantaba como resorte en cuanto era atacado y tirado al suelo. Nunca se retrasaba para anotar un hit. Payton siempre estaba listo para sacar la mejor jugada.
Los buenos líderes saben que tienen que estar listos para su próxima reunión. Los buenos padres saben que tienen que recibir a sus hijos con besos y abrazos.
Los lideres y los padres saben que tienen que estar física y mentalmente presentes y en su mejor estado para la gente que realmente es importante para ellos.
En resumen, la gente exitosa no permite que los camiones de basura absorban su día.
¿Y tú? ¿Qué pasará en tu vida a partir de este momento? ¿Optas porque los camiones de basura solo te pasen de lado? Te apuesto que serás más feliz. De hecho, te lo garantizo.

lunes, 16 de junio de 2008

Toma el timón de tu vida

¿Te das cuenta de que la vida es como el mar? Hay días que son azules y tranquilos, con las aguas acogedoras, deliciosas. Otros días son nublados, con grandes tempestades, aunque cuando parece que el océano te va a devorar nace un nuevo día lleno de sol y calor.
Navegamos en medio de este océano.
Somos lanchitas pequenas, pero grandiosas.
Cada lancha tiene su timón.
En tí está el tomar hoy mismo el timón de tu vida.
Sabes, por la gracia de Dios, el rumbo que deseas seguir. Sabes que para llegar a tu meta tendras que atravesar --como todos-- grandes tormentas de todo tipo: pasionales, depresivas, morales, económicas. Sin embargo, tienes el timón en tus manos. Como todo marinero, debes saber manejar el timón.
En el orden material, cuando tenemos un tremendo dolor de cabeza, nos produce tristeza, depresión, etc. Nuestro barquito empieza a ladearse por un simple dolor.
Tomamos un medicamento y enderezamos el barco. Volvemos a sentir la salud normal que nos lleva a equilibrados en lo físico.
Diariamente tenemos que ir gobernando el timón; debemos tomar determinaciones, decisiones, para enderezar nuestra vida.
En el orden moral, nos topamos con amistades que nos arrastran a cosas no convenientes de diferentes tipos: conversaciones que dañan nuestra mente tranquila, ideas negativas para nuestro vivir.
Hay que tomar el timón de nuestra nave y no dejar que nos aparten del equilibrio moral y espiritual.
Tendrás que tomar decisiones. Tómalas con la seguridad de que nada te aparte de tu camino, de tu meta.
Cometemos errores y de ahí vienen nuestras depresiones y nuestra agresividad.
Cuando encuentres en tu vida gente agresiva y que solo ve lo negativo de los demas, discúlpalas, perdónales de antemano. Son personas que no han sabido llevar el timón de su vida. Se han apartado del camino de la bondad, de la alegría y del amor, que es para lo cuál hemos sido creados.
Pero tú... toma el timón de tu nave.
Vive intensamente el momento presente, concentra todo tu ser en lo que haces y no temas al futuro.
El faro de Dios te cuida y te protege siempre.

viernes, 13 de junio de 2008

El valor de un ¨te quiero¨

Tengo muchos recuerdos de mi padre y de cómo crecí a su lado en nuestro departamento junto a las vías del tren elevado. Durante veinte años oímos el rugido del convoy cuando pasaba por la ventana de su dormitorio.
De noche, tarde, papá esperaba solo en las vías el tren que lo llevaba a su empleo en la fábrica, donde trabajaba en el turno de medianoche.
Esa noche en particular, esperé con él en la oscuridad para despedirlo.
Su rostro estaba triste. Su hijo menor, es decir yo, había sido reclutado.
Le tomarían juramento a la mañana siguiente a las seis, mientras él estaba en su máquina de cortar papel en la fábrica.
Mi padre había hablado de su rabia. No quería que "ellos" se llevaran a su hijo de sólo diecinueve años, que nunca había bebido o fumado un cigarrillo, a pelear en una guerra en Europa.
Puso sus manos en mis delgados hombros.
-Ten cuidado, Srulic, y si alguna vez necesitas algo, escríbeme y me ocuparé de que lo consigas.
De pronto oímos el rugido del tren que se aproximaba. Me abrazó con fuerza y me besó suavemente en la mejilla. Con los ojos llenos de lágrimas murmuró:
-Te quiero, hijo mío.
Entonces llegó el tren, las puertas lo encerraron dentro y desapareció en la noche.
Un mes más tarde, a los cuarenta y seis años, mi padre murió.
Tengo setenta y seis en el momento de sentarme a escribir esto.
Una vez oí a Pete Hamill, el periodista de Nueva York, decir que los recuerdos son la mayor herencia de un hombre, y tengo que coincidir con él. Sobreviví a cuatro invasiones en la Segunda Guerra Mundial. He tenido una vida llena de todo tipo de experiencias.
Pero el único recuerdo que permanece es el de aquella noche en que mi papá me dijo: "Te quiero, hijo mío".

jueves, 12 de junio de 2008

Detalles

El alumno, según él, había terminado el cuadro.
Llamó a su maestro para que lo evaluara.
Se acercó el maestro y observó la obra con detenimiento y concentración durante un rato.
Entonces, le pidió al alumno la paleta y los pinceles. Con gran destreza dio unos cuantos trazos aquí y allá.
Cuando el maestro le regresó las pinturas al alumno el cuadro había cambiado notablemente.
El alumno quedó asombrado; ante sus propios ojos la obra había pasado de mediocre a sublime.
Casi con reverencia le dijo al maestro:
"¿Cómo es posible que con unos cuantos toques, simples detalles, haya cambiado tanto el cuadro?".
El maestro le contestó: " Es que en esos pequeños detalles está el arte".
Si lo miramos detenidamente, nos daremos cuenta que todo en la vida son detalles.
Los grandes acontecimientos nos deslumbran tanto que a veces nos impiden ver esos pequeños milagros que nos rodean cada DÍA.
Un ave que canta, una flor que se abre, el beso de un hijo en nuestra mejilla, son ejemplos de pequeños detalles que al sumarse pueden hacer diferente nuestra existencia.
Todas las relaciones, familia, matrimonio, noviazgo o amistad, se basan en detalles.
Nadie espera que remontes el Océano Atlántico por él, pero, probablemente, sí que le hables el DÍA de su cumpleaños.
Nadie te pedirá que escales el Monte Everest para probar tu amistad, pero sí que lo visites durante unos minutos cuando sabes que está enfermo.
Hay quienes se pasan el tiempo esperando una oportunidad para demostrar de forma heróica su amor por alguien.
Lo triste es que mientras esperan esa gran ocasión, dejan pasar muchas otras, modestas pero significativas.
Se puede pasar la vida sin que la otra persona necesitara jamás que le donaras un riñón, aunque se quedó esperando que le devolvieras la llamada.
Se piensa a veces que la felicidad es como sacarse la lotería, un suceso majestuoso que de la noche a la mañana cambiará una vida miserable por una llena de dicha.
Ésto es falso, en verdad la felicidad se afinca en pequeñeces, en detalles que sazonan DÍA a DÍA nuestra existencia.
Nos dejamos engañar con demasiada facilidad por la aparente simpleza.
No desestimes jamás el poder de las cosas pequeñas: una flor, una carta, una palmada en el hombro, una palabra de aliento o unas cuantas líneas en una tarjeta.
Todas éstas pueden parecer poca cosa, pero no pienses que son insignificantes.
En los momentos de mayor dicha o de mayor dolor se convierten en el cemento que une los ladrillos de esa construcción que llamamos relación.
La flor se marchitará, las palabras quizás se las llevará el viento, pero el recuerdo de ambas permanecerá durante mucho tiempo en la mente y el corazón de quien las recibe.
¿Qué esperas entonces?
Escribe esa carta, haz esa visita, levanta el teléfono.
Hazlo ahora, mientras la oportunidad aún es tuya. No lo dejes para después por parecerte poca cosa.
En las relaciones no hay cosas pequeñas, únicamente existen las que se hicieron y las que se quedaron en buenas intenciones...

miércoles, 11 de junio de 2008

Gotitas

Había un gran incendio en un bosque de bambú; el incendio formaba llamaradas impresionantes, de una altura extraordinaria; y una pequeña ave, muy pequeñita, fue al río, mojó sus alas y regresó sobre el gran incendio, y las empezó a agitar para apagarlo; y volvía a regresar y volvía a ir una y otra vez; y los demás animales que la observaban, sorprendidos la llamaron y le dijeron:
-¿Por qué estás haciendo éso? ¿Crees que con esas gotitas de agua apagarás un incendio de tales dimensiones? No lo vas a lograr.
Y el ave humildemente contestó:
-El bosque me ha dado tanto, lo amo tanto, yo nací en él. Me ha dado todo mi ser. Este bosque es mi origen y mi hogar y me voy a morir lanzando gotitas de amor, aunque no lo pueda apagar.
Los demás entendieron lo que hacía la pequeña ave y la ayudaron a apagar el incendio.Reflexión: Cada gotita de agua apacigua un incendio. Cada acción que con amor y entusiasmo emprendemos reflejará un mejor mañana. No subestimes tus gotas: millones de ellas forman un océano.
Todo acto que con amor realicemos, regresa a nosotros multiplicado.

martes, 10 de junio de 2008

Que bello es vivir

Estoy cansado de trabajar y de ver a la misma gente, camino a mi trabajo todos los días. Llego a la casa y mi esposa sirvió lo mismo de la comida para cenar. Voy a entrar al baño y mi hija de apenas año y medio no me deja porque quiere jugar conmigo, no entiende que estoy cansado.
Mi Padre también me molesta algunas veces y entre clientes, esposa, hija, padre, me vuelven loco, quiero paz. Lo único bueno es el sueño, al cerrar mis ojos siento un gran alivio de olvidarme de todo y de todos.
- Hola, vengo por ti.
- ¿Quién eres tú? ¿Cómo entraste?
- Me manda Dios por ti. Dice que escuchó tus quejas y tienes razón, es hora de descansar.
- Éso no es posible, para éso tendría que estar...
- Así es, si lo estás, ya no te preocuparás por ver a las mismas gentes, ni de aguantar a tu esposa con su guisos, ni a tu pequeña hija que te moleste, ni escucharás los consejos de tu padre.
- Pero... ¿¿qué va a pasar con todo?? ¿¿Con mi trabajo??
- No te preocupes, en tu empresa ya contrataron a otra persona para ocupar tu puesto y por cierto, está muy feliz por que no tenía trabajo.
- ¿¿Y mi esposa y mi bebé?? - A tu esposa le fue dado un buen hombre que la quiere, respeta y admira por sus cualidades y acepta con gusto todos sus guisos sin reclamarle nada. Y además, se preocupa por tu hija y la quiere como si fuera suya y por muy cansado que siempre llegue del trabajo, le dedica tiempo para jugar con ella y son muy felices.
- No, no puedo estar muerto.
- Lo siento, la decisión ya fue tomada.
- Pero... éso significa que jamás volveré a besar la mejillita de mi bebé, ni a decirle te amo a mi esposa, ni darle un abrazo a mi padre. NO, NO QUIERO MORIR, QUIERO VIVIR, envejecer junto a mi esposa, NO QUIERO MORIR TODAVÍA.... - Pero es lo que querías, descansar, ahora ya tienes tu descanso eterno, duerme para SIEMPRE. - NO, NO QUIERO, NO QUIERO, POR FAVOR DIOS....!!!! - ¿Qué te pasa amor?, ¿tienes una pesadilla?, - dijo mi esposa despertándome. - No, no fue una pesadilla, fue otra oportunidad para disfrutar de ti, de mi bebé, de mi familia, de todo lo que Dios creo. ¿Sabes?, estando muerto ya nada puedes hacer y estando vivo puedes disfrutarlo todo.
¡¡¡¡QUE BELLO ES VIVIR!!!!

lunes, 9 de junio de 2008

El Zapatero

El ex presidente Ronald Reagan tenía una tía que lo quería mucho y era muy bondadosa con él.
En una ocasión ella llevó al joven Reagan a un zapatero para que le hiciera un par de zapatos a la medida. El zapatero le preguntó: ¿Quieres los zapatos puntera cuadrada o redonda?
Ronald tartamudeó un poco, él no sabía lo que quería. El zapatero dijo: "Está bien. Ven por acá dentro de un par de días, me dices lo que quieres y te haré los zapatos".
Dos días después, el zapatero lo vio en el pueblo y le volvió a preguntar: "¿Quieres los zapatos puntera cuadrada o redonda? Ronald le contestó: "No sé”.
El zapatero le dijo: "Ven dentro de dos días y tus zapatos estarán listos".
Ronald Reagan contaba que cuando fue a buscar los zapatos, uno de ellos tenía la puntera cuadrada y el otro redonda.
El zapatero lo miró y le dijo: "Esto te enseñará que desde ahora en adelante, no debes permitir que la gente tome decisiones por ti".
Y el ex presidente agregaba:
" Aprendí allí mismo a tomar mis propias decisiones, si uno no lo hace, otro lo hará por uno"

sábado, 7 de junio de 2008

El segundo mandamiento del exito

Debes aprender que, con paciencia, puedes mejorar tu destino.
Debes saber que, mientras más tenaz sea tu paciencia, más segura será tu recompensa.
No existe ningún gran logro que no sea el resultado de un trabajo y de una espera pacientes.
La vida no es una carrera. Ningún camino será demasiado largo para ti si avanzas deliberadamente y sin prisa.
Evita, como la peste, todo carruaje que haga un alto para ofrecerte un rápido viaje a la riqueza, la fama y el poder. La vida tiene condiciones tan duras, hasta en sus mejores momentos, que las tentaciones, cuando hacen su aparición, pueden destruirte. ¡Camina.! Puedes hacerlo.
La paciencia es amarga, pero su fruto es dulce.
Con paciencia puedes soportar cualquier adversidad y sobrevivir a cualquier derrota.
Con paciencia puedes controlar tu destino y tener lo que desees.
La paciencia es la clave de la satisfacción para ti y para los que deben vivir contigo. Comprende que no puedes apresurar el éxito del mismo modo que los lirios del campo no pueden florecer antes de la estación.
¿Qué pirámide se construyó alguna vez si no fue piedra sobre piedra? ¡Cuán pobres son los que no tienen paciencia! ¿Qué herida sanó alguna vez a no ser poco a poco?
Todos lo inapreciables atributos que los hombres prudentes proclaman como necesarios para alcanzar el éxito, son inútiles si no tienes paciencia. El ser valiente sin paciencia puede matarte. El ser ambicioso sin paciencia puede destruir la carrera más prometedora.
El esforzase por alcanzar la riqueza sin paciencia no hará sino separarte de tu magra bolsa. El perseverar sin paciencia es siempre algo imposible. ¿Quién puede dominarse, quién puede perseverar sin la espera que es uno de sus atributos?
Empléala para robustecer tu espíritu, para dulcificar tu carácter, para calmar tu enojo, para sepultar tu envidia, abatir tu orgullo, refrenar tu lengua, contener tu mano y entregar todo su ser, a su debido tiempo, a la vida que mereces.

viernes, 6 de junio de 2008

El perro y el conejo

Un señor le compró un conejo a sus hijos. A su vez, los hijos del vecino le pidieron una mascota a su padre. El hombre compró un cachorro Pastor Alemán.El vecino exclamó:- ¡Pero él se comerá a mi conejo!- De ninguna manera, mi pastor es cachorro. Crecerán juntos, y serán amigos. Yo entiendo mucho de animales. No habrá problemas.Y parece que el dueño tenía razón. El perro y el conejo crecieron juntos y se hicieron amigos. Era normal ver al conejo en el patio del perro y al revés.
Un viernes, el dueño del conejo se fue a pasar un fin de semana en la playa con su familia. El domingo en la tarde el dueño del perro y su familia tomaban una merienda, cuando entró el perro a la cocina. Traía al conejo entre los dientes, sucio de sangre y tierra, y además muerto. Casi matan al perro de tanto agredirlo. Decía el hombre:- El vecino tenía razón, ¿y ahora qué haremos?. La primer reacción fue echar al animal de la casa como castigo, además de los golpes que ya le habían dado. En unas horas los vecinos iban a llegar. Todos se miraban, mientras el perro afuera lamía sus heridas.Uno de ellos tuvo la siguiente idea:- Bañemos al conejo, lo dejamos bien limpiecito, después lo secamos con el secador y lo ponemos en su casita en el patio. Así lo hicieron; hasta perfume le pusieron al animalito. ¡Quedó lindo! "parecía vivo", decían los niños, y allá lo pusieron, con las piernitas cruzadas como si estuviese durmiendo. Luego al llegar los vecinos se sintieron los gritos de los niños.No pasaron cinco minutos cuando el dueño del conejo vino a tocar a la puerta, algo extrañado.- ¿Qué pasó?, le dijo su vecino.- El conejo murió.- ¿Murió? - Sí, murió el viernes.- ¿ Murió el viernes?- Sí, fue antes de que viajáramos. Los niños lo habían enterrado en el fondo del patio...

jueves, 5 de junio de 2008

Expresar y escuchar el amor

Hay momentos en que somos tímidos para expresar el amor que sentimos, por temor a avergonzar a la otra persona o avergonzarnos nosotros mismos, dudamos de decir "Te quiero" y tratamos de comunicar la idea en otras palabras.
Decimos "Cuídate", "No manejes rápido", "Pórtate bien". Pero realmente, éstas son diferentes maneras de decir "te quiero" "eres importante para mí" "me importa lo que te suceda", "No quiero que estés mal".
A veces somos muy extraños. La única cosa que queremos decir y la única cosa que debemos decir, es la única cosa que no decimos. Y muchas veces el significado nunca se comunica del todo, y la otra persona se siente ignorada y no-querida.
Por ello, debemos ESCUCHAR EL AMOR en las palabras que las otras personas nos dicen. Las palabras explícitas son necesarias, pero con mayor frecuencia, la manera de decir las cosas es aún más importante. Un apodo dicho cariñosamente porta mayor afecto y amor que los sentimientos que son expresados de manera poco sincera. Un abrazo o un beso impulsivos dicen "TE AMO", aún cuando las palabras digan algo diferente. Cualquier expresión de preocupación de una persona por otra dice "te quiero".
A veces debemos mirar y escuchar muy atentamente el amor que contienen las palabras. El problema de escuchar el amor es que no siempre entendemos el lenguaje de amor que la otra persona esta usando. La gente rara vez escucha. Oyen las palabras, pero no escuchan en las acciones que acompañan a esas palabras o en las facciones del rostro. O la gente solo escucha el rechazo o el malentendido. No ven el amor que esta allí, debajo de la superficie, aún cuando las palabras sean amargas.
Si escuchamos atentamente, descubriremos que somos muchísimo más amados de lo que pensamos.
Escuchemos al amor, y descubriremos que, después de todo, el mundo es un lugar muy amoroso. No es un asunto de estar presente CON alguien. El asunto es estar presente PARA alguien. Así que recuerda: Si amas a alguien díselo. Recuerda siempre decir lo que sientes. Nunca tengas temor de EXPRESAR EL AMOR.